No deja de sorprenderme la forma en que las palabras se deshacen de su significado original con el paso del tiempo. La palabra glamour, “grammar” en irlandés,  por ejemplo, nació para designar a las personas dotadas en la lengua, fueran escritores o relatores. Lo que a ellos los hacía glamorosos era su don de fascinar a los otros al contar sus historias… Nada más lejos de su connotación actual, cuando basta que alguien se destaque por su elegancia en el vestir, en el andar, para ser considerada  glamorosa. Y si no basta con escuchar a las personalidades del mundo del espectáculo en la alfombra roja de la entrega de los premios Oscar.  ¿Se destacaban por su manejo particular de la palabra? ¿Escucharon a alguien decir de ellos al escucharlos “pero que glamorosos, me fascina su cultura”? A esta altura del mundo, además, el glamour de desvanece después de las 12pm, cuando se apagan las cámaras (aunque no todas). Cuenta la prensa especializada que en una de las fiestas previas a la entrega del máximo galardón del cine internacional, las actrices Sandra Bullock y Cameron Díaz fueron vistas salir de una fiesta privada con varias copas de más. ¿Y el glamour? Bien, gracias. Por eso, si ser glamorosa como Dios manda es tu deseo, aquí van algunos requisitos que deberías cumplir:

1- Ser consciente de quién eres (tengas lo que tengas puesto) y todo en pos de  tener una gran autoestima.
2-  Vivir para enriquecer tu vida con experiencias únicas, extraordinarias, y ser lo suficientemente “grande” como para compartirlas.
3-  Educarse con la capacitación que no imparten necesariamente las universidades. La que te convierte en una persona  humilde, generosa, reflexiva.
4- Tener una vida interior plena y una mentalidad positiva.
5- Y, como el aspecto es clave (¡no seamos ingenuas!), tomar consciencia de qué te queda mejor, en cuanto a vestuario, peinado y maquillaje. Y crear tu estilo particular respetando las reglas que marque la moda y el qué dirán.